Los electrodomésticos de gama blanca (cocina y limpieza) son imprescindibles en nuestra vida diaria. Seleccionar los mejores depende de nosotros.


Su ámbito de aplicación es europeo y constituye una herramienta informativa al servicio de los compradores de aparatos consumidores de electricidad. Tiene que estar obligatoriamente en cada electrodoméstico puesto a la venta.
Los tipos de electrodomésticos que tienen establecido el etiquetado energético son:
• Frigoríficos y congeladores
• Lavadoras
• Lavavajillas
• Secadoras
• Lavadoras-secadoras
• Fuentes de luz domésticas
• Horno eléctrico
• Aire acondicionado
La etiqueta energética permite al consumidor conocer de forma rápida la eficiencia energética de un electrodoméstico.
Las etiquetas tienen una parte común, que hace referencia a la marca, denominación del aparato y clase de eficiencia energética; y otra parte, que varía de unos electrodomésticos a otros, y que hace referencia a otras características, según su funcionalidad: por ejemplo la capacidad de congelación para frigoríficos o el consumo de agua para lavadoras.
Existen 7 clases de eficiencia, identificadas por un código de colores y letras que van desde el color verde y la letra A para los equipos más eficientes, hasta el color rojo y la letra G para los equipos menos eficientes.
Es muy importante saber que el consumo de energía, para prestaciones similares, puede llegar a ser casi tres veces mayor en los electrodomésticos de la clase G, que en los de la clase A. Si a eso unimos el hecho que la mayor parte de los equipos ( a excepción de las fuentes de luz) tiene una vida media que supera los diez años, nos encontramos con que el ahorro en la factura eléctrica de los más eficientes (clase A), con respecto a los menos eficientes (clase G) puede superar, dependiendo del tamaño del aparato, los 600 euros a lo largo de su vida útil.
Es muy importante elegir un electrodoméstico adaptado a nuestras necesidades. No basta con que sea eficiente sino que es determinante que tenga un tamaño y prestaciones ajustados a nuestras necesidades. Por ejemplo, un frigorífico de clase A, de 300 litros de capacidad puede gastar más electricidad que uno de clase G, de 100 litros.

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